¿Qué mierda pasó con mi rebeldía? Recuerdo mis primeros acercamientos a este género literario de la pluma de Bruce Sterling y su obra Cismatrix, siempre acompañado del viejo y madreado cassete de los Black Flags. No sabía inglés, pero el ritmo iba acorde con la lectura.

Eran mediados de los años 80 y pasé de leer la ciencia ficción de Julio Verne en una enciclopedia de selecciones de Reader’s Digest de mi papá a conocer esta visión distópica de la sociedad que me parecía más entretenida a mis 9 años.

¿Qué podía ser más punk que exigir “tierra, techo, alimentación, independencia, libertad y justicia”, desde el sur del país?

Años después, mi perspectiva se diluyó hacia una escena punk rock que, aunque mostraba la misma desilusión en la sociedad y lucha contra la alienación, se centraba más en la marginación social de los chicos raros del barrio.

Y aunque la mayor parte de mi enojo con la sociedad seguía ahí, cada día se hizo más político, o políticamente correcto al grado de considerar a la Primera Declaración de la Selva Lacandona, en aquel lejano 1994, como la acción más retadora al sistema. ¿Qué podía ser más punk que exigir “tierra, techo, alimentación, independencia, libertad y justicia”, desde el sur del país?

Más allá de posters en las chispas (locales de video juegos en las colonias) ¿Dónde estaban aquellas imágenes del cine, en donde de la mano de películas como Blade Runner, Videodrome o Hardware, las sociedades hipertecnologizadas luchaban constantemente en busca la ruptura con el sistema?

Hoy, lo más cyberpunk que me queda es reportar publicaciones en Twitter por su contenido obsceno o nunca darle Like en Facebook a esos videos de gatitos que a todos les encantan; Pero eso sí, siempre acompañado de mis botas Dr. Martens.

Pasados algunos años, el mundo explotó con la película Matrix, de los hermanos, hoy hermanas Wachowski, donde se mostraba una parte de aquel mundo cyberpunk que tanto me atraía, aunque muy al estilo gringo. Simplemente palomera.

Lejos quedaron aquellos años donde mi lucha contra esa pinche sociedad de mierda se daría desde algún espacio ajeno a este planeta, entre muros obscuros, calles polvosas, entre hackers mal encarados, inteligencia artificial y cyborgs.

Hoy, lo más cyberpunk que me queda es reportar publicaciones en Twitter por su contenido obsceno o nunca darle Like en Facebook a esos videos de gatitos que a todos les encantan; pero eso sí, siempre acompañado de mis botas Dr. Martens

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