-Mamá, Alex me cae muy bien porque, aunque a veces me lastima y es grosero conmigo, siempre me regala cosas.

Esta frase podría y debería de alarmar a cualquier; es claramente una declaración de una mujer violentada que busca la manera de exculpar o minimizar la agresión basándose en “las ganancias” que se obtienen tras ellas.

Es común que un hombre ofensivo, después de cometer un agravio físico o emocional, trate de compensar a la parte agredida con obsequios que van desde flores o chocolates, hasta joyería o incluso viajes. Básicamente se podría decir que el tamaño del regalo va en proporción a la falta cometida. Pero estas compensaciones, que se dan como una indemnización por los daños emocionales o físicos provocados, son una manera de resaltar una condición ficticia de benevolencia y esplendidez para opacar el lado oscuro de la relación.

Lo preocupante de la declaración con la que este texto inicia es que fue dicha por mi hija de apenas cinco años, refiriéndose a un compañero que en efecto es abusivo y agresivo, no sólo con ella, sino con todos sus compañeros. Escucharla relatando cómo, después de que fue empujada y lastimada por su “amigo”, la mamá del niño sólo le dijo (a ella, no a él) que no llorara, que fuera a jugar con los demás y que a su hijo no le haya dicho absolutamente nada, es ya bastante preocupante, pero el que le compre una caja de chocolates o una muñeca a mi hija para que su niño se la entregue a manera de disculpa, es un claro reflejo de cómo la violencia de género se normaliza desde la primera infancia.

Estamos normalizando la violencia de género, estamos enviando un mensaje equivocado a las generaciones futuras, el mismo que nos dieron a nosotros y que hoy está cobrando una factura muy alta, de mujeres agredidas y feminicidios, porque al fin, no pasa nada

No hubo de su parte una reprimenda o una plática en el momento de la agresión, no hubo la tan sonada frase “pídele una disculpa”. Hubo un intento de distracción (los clásicos “ya vete a jugar”, “vamos por un dulce”, “no pasó nada”) y hubo ciertamente un “soborno”, o al menos un intento de ello, a cambio de silencio o de no hacer el problema más grande. ¿Qué pasa con estas actitudes? ¿Qué pasa con la niña que fue agredida? ¿Qué pasa con el niño agresor?, quizá poner etiquetas de víctima y victimario en pares de cinco años es fuerte, pero sin duda es la realidad.

Es algo que jamás había pensado hasta que lo vi con ojos de madre. Pensé en todas las veces que hemos dicho y escuchado la frase “si te molesta es porque le gustas”. Qué mensaje tan equivocado;  acaso les estamos enseñando a las niñas que la violencia se justifica como amor. Pensé en las veces en que mi niña me buscaba para “acusar a su amigo” y yo, por prudencia, porque el niño es parte del grupo, porque van en la misma escuela, porque van a las mismas fiestas, porque somos del mismo círculo social, no hice nada por defenderla, más que alejarla en ese momento del niño y minimizar el daño. Fue hasta que ella prorrumpió con las palabras exactas que arriba he mencionado, que me di cuenta de la gravedad de la situación.

Mi hija está aprendiendo que si un hombre la maltrata, pero después la premia con algo, entonces está bien. Que las personas no le dan importancia a este tipo de denuncias, que no sirve de nada evidenciar un abuso, si además tus padres, que son tus principales protectores, no actúan en consecuencia. El niño está aprendiendo que no importa si lastima a una mujer, siempre y cuando le dé un obsequio después. Que no tiene que pedir perdón porque, al fin y al cabo, no pasa nada. Que sus acciones no tienen consecuencias, que no importa cuán violento sea, ella siempre lo perdona y las cosas siguen igual.

Eduquemos hombres que respeten a las mujeres y eduquemos mujeres que sepan alzar la voz.  Por un mañana con equidad y libre de violencia de género

Estamos normalizando la violencia de género, estamos enviando un mensaje equivocado a las generaciones futuras, el mismo que nos dieron a nosotros y que hoy está cobrando una factura muy alta, de mujeres agredidas y feminicidios, porque al fin, no pasa nada. Detengámonos un momento: pensemos en lo que sienten ellos, no nosotros. Si para nosotros un empujón o un rasguño puede ser nada, para ellos fue dolor, fue impotencia y fue aprendizaje.

¿Por qué las mujeres maltratadas no se alejan de sus agresores? Porque en el fondo hemos crecido sabiendo que “el que bien te quiere te hará sufrir”, “si te pega es porque le gustas”, porque nos han dicho “aguántate, ni fue para tanto”, “no seas chillona”, “bueno pero te regaló o te dio…”.

La violencia crece, con el tiempo y con la falta de límites y consecuencias. Aquel niño de dos años que empujaba, pronto se convirtió en el niño de cinco que rasguñaba, mordía y pegaba. ¿Qué lo separa del adolescente que le prohíbe a la novia como vestirse o a quien ver? ¿Al joven que controla redes sociales y da bofetones a su pareja porque miró a otro? ¿Al adulto que controla económicamente a su pareja, que le grita, la encierra o le pega a puño cerrado o a patadas? No lo sé, pero seguro no me quedaré para averiguarlo. Lo que sí sé es que no quiero que mi hija crezca normalizando ninguno de los escenarios anteriores.

Pero estas compensaciones, que se dan como una indemnización por los daños emocionales o físicos provocados, son una manera de resaltar una condición ficticia de benevolencia y esplendidez para opacar el lado oscuro de la relación

Al hablar con ella y explicarle que no está bien, que no debe dejar que otros la agredan y que, sin importar cuántos regalos le den, no debe estar cerca de personas violentas, espero darle el mensaje de empoderamiento, autoestima y valor que se necesita para no caer en este tipo de relaciones. Y al prometerle que ya no íbamos a tratar al niño en cuestión, porque no quiero que la lastimen, por muy amiga mía que sea la mamá, y al agradecerle que me lo cuente, espero estarle enseñando que cuenta conmigo, que no está, ni estará sola, que puede pedir ayuda y recibirla, y que siempre creeré en su palabra antes de cualquier otra cosa.

Los valores y una buena y trascendental parte de nuestra educación se dan en casa. Eduquemos hombres que respeten a las mujeres y eduquemos mujeres que sepan alzar la voz.  Por un mañana con equidad y libre de violencia de genero.

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Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Anie

    Buenisimo Ale, tu muy bien con tu hija y gracias por ayudarnos a ver q eso no es «normal»…

    1. Alejandra Merino

      Gracias a ti por tomarte el tiempo de leer el artículo, tristemente estamos acostumbrados a ver la violencia como algo natural e incluso permitido. Ahora es tiempo de cambiar el chip y entender que el que bien te quiere no te hace sufrir, al contrario, quien bien te quiere te cuida y te protege. Y ese el mensaje que debemos dar a las siguientes generaciones.

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